Jesús Giménez Gallo (MC Cartagena): “La Manga lleva 50 años sin que ninguna administración se la tome en serio”
La situación de La Manga del Mar Menor vuelve al foco político. Infraestructuras deficientes, problemas de gestión y falta de coordinación entre administraciones son algunos de los temas clave. Hablamos con el portavoz de MC Cartagena, Jesús Giménez Gallo, para analizar qué está fallando y qué soluciones propone su partido.
— ¿Cuál es el principal problema de La Manga?
El principal problema de La Manga es que ninguna administración se la ha tomado en serio en los últimos 50 años, prácticamente desde el inicio de la democracia. Esa es la base de todo lo que está pasando.
— ¿Cree que se está gestionando bien desde el Ayuntamiento de Cartagena?
No, evidentemente no. El Ayuntamiento de Cartagena no hace los deberes que tiene que hacer ni en La Manga ni en toda la zona del Rincón de San Ginés.
Ahora bien, de las tres administraciones implicadas, es la que mejor se comporta dentro de lo malo. La que peor se porta, sin ninguna duda, es la administración regional, que es la que más castiga esta zona. Estamos hablando del principal destino turístico de sol y playa de la Región, y aun así ha intentado incluso trabajar en contra de ese destino, desviando el desarrollo hacia otras zonas, como Águilas o Cabo Cope.
El proyecto regional era anular La Manga, y yo creo que no lo han terminado, pero tampoco lo han descartado. El propio plan general de Cartagena es un ejemplo de esa línea.
Y luego está el Ayuntamiento de San Javier, que directamente se financia con cargo a la zona de La Manga norte, sosteniendo gran parte del municipio sin una reinversión proporcional en el territorio.
— ¿Qué ha ocurrido con el Consorcio de La Manga y las infraestructuras?
El Consorcio se creó precisamente para coordinar las infraestructuras de La Manga, pero la Comunidad Autónoma se salió. No solo dejó de aportar dinero, sino que directamente huyó.
Cuando llegó financiación importante, como los 18 millones de euros de la EDUSI, la Comunidad tampoco permitió que el Consorcio participara en la gestión, quedándose la Consejería con el control. Y los resultados están ahí: actuaciones menores que no han servido prácticamente para nada.
El mejor ejemplo son las llamadas “marquesinas inteligentes”. Basta con verlas para entender el nivel de gestión.
— Se han anunciado infraestructuras importantes que no se han materializado…
Claro. Por ejemplo, en 2017 ya se hablaba de un plan regional para una estación de autobuses o intercambiador en Cabo de Palos y La Manga. Estamos en 2026 y no hay absolutamente nada.
Todos los estudios coinciden en que esa infraestructura es necesaria. Ha habido financiación y existe un organismo como el Consorcio para gestionarlo, pero la realidad es otra muy distinta.
Hoy, el supuesto intercambiador es simplemente una parada de autobús frente a un local, donde hay una persona cobrando en efectivo solo en determinadas horas del día y únicamente en temporada alta.
Es una situación completamente absurda. Se ha vendido como una gran infraestructura algo que en la práctica es poco más que un punto improvisado. Yo mismo estuve allí el verano pasado, y lo que llaman intercambiador es básicamente un mupi en la puerta del local.
Medidas para mejorar la gestión de La Manga
— ¿Qué medidas concretas propone Movimiento Ciudadano para mejorar la gestión municipal en La Manga?
A corto plazo, lo primero que habría que hacer es crear un programa específico para toda la costa de Cartagena, algo que llevamos mucho tiempo promoviendo.
La clave inicial es homogeneizar la infraestructura y tener claro qué servicios deben estar disponibles durante todo el año. Cuando se habla de desestacionalización, hay que empezar por lo básico. No puede ser que durante ocho o diez meses al año exista la sensación de que en La Manga no hay servicios, y que todo se concentre únicamente en julio y agosto.
Por ejemplo, los lavapiés. Es algo básico. ¿Dónde hay lavapiés durante todo el año? Lo mismo ocurre con los accesos a las playas o las pasarelas. Siempre se argumenta que hay temporales, pero tiene que existir un mantenimiento constante y permanente en toda la zona.
Por eso, planteamos un plan integral para toda la costa de Cartagena, teniendo en cuenta que La Manga es el principal destino de sol y playa junto al Mar Menor. Además, esto es clave desde el punto de vista de marca turística, porque La Manga nunca se ha promocionado de forma decidida ni como parte de la costa de Cartagena.
Uno va a ferias como FITUR y se pregunta si realmente alguien cree que sacar a Carlos Alcaraz delante del faro de Cabo de Palos va a cambiar la suerte de un destino del que no se explica nada. Parece que la estrategia es que la gente vaya a ver si se encuentra allí a Alcaraz jugando a las palas, pero eso no construye un modelo turístico sólido.
A corto plazo, por tanto, hay que garantizar infraestructura y servicios durante todo el año, porque ahora mismo no se prestan de forma sostenida, y eso afecta directamente a la desestacionalización.
Pero además, esa homogeneización no debe limitarse solo a La Manga. Tiene que extenderse desde La Manga hasta Isla Plana, de forma que el visitante identifique claramente un mismo destino. Que haya un mismo tipo de banco, de farola, de lavapiés, de señalización…
Ahora mismo ocurre lo contrario: cada zona tiene elementos distintos sin ningún criterio común. En un sitio se colocan unos bancos, en otro de otro tipo, en otro cambian los colores… incluso decisiones estéticas sin coherencia global. No existe un tratamiento homogéneo de la infraestructura, y eso afecta tanto a la imagen del destino como al día a día de los residentes.
Por otro lado, hay una cuestión clave que no depende únicamente del Ayuntamiento de Cartagena, pero en la que tiene que implicarse de forma directa: la conectividad.
La Manga está prácticamente aislada. Es fundamental conectarla con el aeropuerto de Corvera, pero también con el de Alicante, y hacerlo de forma directa mediante líneas regionales, ya que atraviesan varios municipios.
Además, hay que vertebrar internamente La Manga. No puede ser que no se pueda ir de forma cotidiana a Cartagena o a zonas como El Carmolí con un transporte público eficiente. Actualmente hay líneas que pasan una o dos veces al día, lo cual es completamente insuficiente.
La situación del transporte público es, directamente, de las peores que se pueden encontrar. No debe haber muchos sitios más aislados que La Manga.
Siempre pongo un ejemplo muy claro: imagina una persona mayor que vive en La Manga, sin vehículo propio, y tiene una cita en enero en el hospital de Santa Lucía a las 9:30 de la mañana. Intentar llegar y volver a casa en transporte público puede suponer prácticamente un día entero.
Tiene que ir de La Manga a Cartagena, de Cartagena al hospital, y luego hacer todo el recorrido inverso. Es una auténtica locura. Puedes acabar agotado solo del trayecto.
Esto demuestra que, a corto plazo, es imprescindible crear un sistema de transporte público eficaz que conecte La Manga con Cartagena y con los principales servicios sanitarios y administrativos.
Y además hay que tener en cuenta un factor importante: la población residente ha aumentado mucho en los últimos años, especialmente tras la pandemia. Antes era una población más estacional, pero ahora hay mucha más gente viviendo allí durante todo el año, incluso sin estar empadronada.
A toda esa población se la está dejando de lado.
Por eso, en este orden, Comunidad Autónoma, Ayuntamiento de San Javier y Ayuntamiento de Cartagena tienen que ponerse las pilas y asumir de una vez la responsabilidad sobre La Manga.
Junta Municipal y modelo de gestión
— La Junta Municipal de La Manga ya está creada. La pregunta es clara: ¿sirve realmente para algo?
Tal y como está planteada ahora mismo, no.
Se ha creado dentro de una planificación general de poner juntas en distintos puntos del municipio, pero no se ha hecho pensando en elegir a las personas más capacitadas para gestionarla. Más bien responde a equilibrios políticos dentro del gobierno local.
En este caso concreto, es evidente que no se ha apostado por el perfil más adecuado para presidirla, sino por una cuota vinculada a Vox dentro del Ejecutivo.
— Entonces, ¿quién debería estar al frente de esa Junta?
Sin ninguna duda, las personas con mayor capacidad de gestión dentro de esa Junta son Fran García Alfaro y Francisco Ginés Rosique, vocales de Movimiento Ciudadano.
Conocen perfectamente el territorio y viven la realidad del día a día en La Manga ya que residen allí. Y esto es fundamental.
Porque uno de los problemas que hemos detectado es que muchos de los vocales designados por otros partidos, aunque puedan estar empadronados, no hacen vida real en La Manga.
Y eso marca una diferencia enorme. Una Junta Municipal tiene sentido si quienes toman decisiones están pegados al territorio.
— ¿Qué valoración hacen entonces del funcionamiento de esta Junta?
De momento, muy negativa.
Ya se ha trasladado a nuestros vocales que el presupuesto del año está prácticamente decidido.
— Entonces, la pregunta es inevitable: ¿para qué sirve la Junta?
Para muy poco.
Al final, el presidente va a hacer una parte de lo que le marque el concejal del área de Litoral, y la otra parte lo que le indique la concejalía de Descentralización.
No hay una participación real de los vecinos ni capacidad de decisión efectiva.
— ¿Se puede decir que es más un órgano formal que útil?
Exactamente.
Tenemos Junta Municipal, Consorcio, concejalía de Litoral, consejerías… muchas estructuras, pero sin coordinación ni una estrategia clara.
Y cuando todo existe sobre el papel pero nada funciona de forma ordenada, el resultado es que La Manga sigue sin resolverse.
— También ha habido polémica con algunos nombramientos…
Sí, incluso hay casos donde se han detectado problemas de compatibilidad con cargos en asociaciones o con el uso de espacios vecinales.
Esto refuerza la sensación de que estamos ante un modelo poco transparente, que mucha gente definiría con palabras muy claras: chanchullo, enjuague o paripé.
Y eso es lo que, al final, se está ofreciendo a los vecinos de La Manga.
Participación ciudadana y funcionamiento de las juntas
— ¿El problema es solo de esta Junta o del modelo en general?
Es un problema general.
El reglamento de juntas municipales que ha modificado el gobierno de Noelia Arroyo no amplía la participación, sino que la restringe.
De hecho, ese reglamento está recurrido en los tribunales.
Se ha limitado el tiempo de intervención de la oposición, mientras que el gobierno mantiene más margen. Y además, se dificulta la participación de los vecinos.
En teoría, una Junta Municipal es un órgano de participación vecinal. Pero en la práctica, un vecino puede encontrarse con obstáculos para intervenir, dependiendo de la interpretación del presidente.
Si los vecinos no pueden participar libremente, la Junta pierde completamente su sentido.
Lo que se está creando son pequeños plenos con las cartas marcadas, donde la oposición tiene menos capacidad y la ciudadanía menos voz.
San Javier y el modelo territorial de La Manga
— ¿Cómo influye el Ayuntamiento de San Javier en la situación de La Manga?
Influye mucho, y de forma negativa.
Depender de dos municipios es un problema en sí mismo, pero lo que ocurre con San Javier va más allá.
Se puede definir, sin exagerar, como una especie de modelo casi colonial sobre la zona norte de La Manga.
San Javier obtiene gran parte de sus ingresos de esa zona, pero no reinvierte en la misma medida.
Se queda con los beneficios —el turismo, la actividad económica— pero no presta los servicios en proporción a lo que recauda.
De hecho, se estima que el Ayuntamiento de San Javier ingresa entre 15 y 20 millones de euros al año solo de La Manga norte.
Y eso es lo que sostiene en gran medida su estructura municipal.
— ¿Se ha visto esa descoordinación en situaciones concretas?
Sí, por ejemplo durante la pandemia.
Zonas como Monte Blanco llegaron a funcionar como una frontera administrativa, con normas distintas a un lado y otro.
Eso refleja perfectamente el problema estructural de La Manga: dos administraciones actuando sin coordinación real.
— ¿Es posible una gestión coordinada entre administraciones?
Después de más de 40 años, la realidad es que no.
La llamada “gestión coordinada” es más un concepto teórico que una realidad. No se ha producido hasta ahora porque no hay voluntad política, especialmente desde la Comunidad Autónoma y desde San Javier.
— Entonces, ¿cuál sería la solución?
La solución más lógica sería que toda La Manga dependiera de un único municipio: Cartagena.
Eso sí, con un compromiso claro: que todo lo que se recaude en La Manga se reinvierta allí, al menos durante los primeros años.
Si hablamos de cifras, estaríamos hablando de 60 u 80 millones de euros en cuatro años, frente a inversiones mucho menores como las que se han hecho hasta ahora.
Eso sí podría transformar de verdad La Manga.
Pero para que eso ocurra, primero tiene que haber una concienciación real de los propios residentes y, a partir de ahí, iniciar un proceso político que hoy por hoy es complicado.
La Manga 365: una oportunidad perdida
— Se habló mucho del proyecto “La Manga 365”. ¿En qué ha quedado realmente?
La Manga 365 es el ejemplo perfecto de lo que podía haber sido un buen proyecto y ha acabado siendo una gran oportunidad perdida… y una millonada malgastada.
Y además, con un origen que no se ha explicado lo suficiente.
Este proyecto surge en 2016, cuando el Ayuntamiento de Cartagena presenta una estrategia EDUSI para el desarrollo del casco histórico. Esa estrategia tenía muchas opciones de conseguir financiación europea.
Pero el Gobierno regional del PP no quería que ese proyecto saliera adelante en ese momento, porque suponía darle un éxito a un gobierno municipal en el que estaba Movimiento Ciudadano.
¿Y qué hizo? Impulsar una estrategia alternativa dentro del propio territorio: La Manga 365, incluyendo también a San Javier y bajo la excusa de la desestacionalización.
— ¿Y cuál ha sido el resultado de esa estrategia?
El resultado es claro: un fracaso.
Cuando un proyecto nace “a la contra”, normalmente acaba mal. Y este no es una excepción.
El mejor ejemplo son las llamadas marquesinas inteligentes.
Pantallas que no se leen, estructuras que no dan sombra, materiales metálicos que en verano son inutilizables… algunas han durado prácticamente lo que se tarda en instalarlas.
No hay mejor símbolo de la desconexión con la realidad de La Manga que esas marquesinas.
— ¿En qué se han invertido entonces los 18 millones de euros?
Esa es la gran pregunta.
Porque más allá de algún edificio en la zona del instituto, poco más queda visible.
Después de 18 millones de euros, te das un paseo por La Manga y compruebas que ni siquiera el carril bici está conectado.
Es imposible no preguntarse qué ha pasado con ese dinero, aunque oficialmente se diga que está ejecutado.

Patrimonio y gestión administrativa
— En el caso del yacimiento de Las Amoladeras, ¿de quién es la responsabilidad?
Es una cuestión compartida.
La supervisión del patrimonio corresponde a la administración regional, mientras que las actuaciones concretas suelen recaer en el Ayuntamiento de Cartagena.
Eso implica que cualquier intervención, incluso pequeñas mejoras, depende de autorizaciones previas del Gobierno regional.
El problema es que la Comunidad Autónoma tiene la capacidad de autorizar… pero no aporta financiación.
Y eso ralentiza o bloquea muchas actuaciones necesarias.
El papel de los empresarios
— ¿Qué papel están jugando los empresarios de La Manga?
Es positivo que exista un tejido empresarial activo, que organice encuentros y trate de generar actividad durante todo el año.
Pero creo que cometen un error: son demasiado crédulos.
Año tras año reciben promesas de las administraciones, especialmente antes del verano, y después llega la decepción.
Y aun así, vuelven a confiar al año siguiente.
— ¿Qué deberían hacer entonces?
Ser más exigentes.
No basta con pedir, hay que exigir.
Y cuando no se cumple, hay que ser más beligerantes —en el sentido firme, no violento—.
Porque al final, los políticos reaccionan cuando perciben presión real.
Ahora mismo, muchos empresarios están centrados en sobrevivir los dos o tres meses fuertes del verano, y eso hace que el resto del año pierdan capacidad de reivindicación.
El problema de los chiringuitos
— Uno de los conflictos recurrentes es el de los chiringuitos. ¿Qué está fallando?
Los chiringuitos son otro ejemplo perfecto del desorden administrativo en La Manga.
El Ayuntamiento licita, pero quien autoriza es Costas, que depende del Estado. Y entre administraciones, en lugar de coordinarse, se dedican a enfrentarse políticamente.
¿Quién sale perjudicado? Siempre el empresario.
Montar un chiringuito no es algo menor: requiere inversión, planificación y tiempo para ser rentable.
Sin embargo, hemos llegado a situaciones absurdas:
- Años en los que abrir en Semana Santa ya era difícil
- Y recientemente, casos en los que se ha empezado a abrir en julio
Así es imposible que un negocio funcione.
— ¿Cuál sería el modelo ideal?
Muy claro: permitir que quien quiera pueda trabajar los 365 días del año, siempre que sea viable.
Los chiringuitos no son “barracas”, son un servicio turístico de primer nivel.
Solo hace falta ver lo que ocurre en otras zonas como la costa andaluza, donde forman parte esencial del atractivo turístico.
Aquí, en cambio, no hay un modelo claro.
— ¿También influye la planificación?
Totalmente.
No se trata de poner un chiringuito cada cierta distancia sin criterio.
Hace falta un estudio real de necesidades:
- Dónde hacen falta
- Dónde son rentables
- Cómo complementar a los negocios existentes
Porque si no, se generan situaciones absurdas: chiringuitos que no funcionan y que además perjudican a negocios que sí están abiertos todo el año.
— ¿Y las actividades recreativas, como las motos de agua?
Sí, generan molestias a los residentes, pero mientras estén legalmente autorizadas no podemos actuar contra ellas. Lo que sí podemos hacer es promover cambios normativos futuros para proteger mejor el Mar Menor. La prioridad debe ser gestionar la zona con normas claras y sostenibles.
— Entonces, ¿el problema es solo de Costas?
No.
Ese es el argumento fácil, pero no se sostiene.
Porque en otras comunidades con la misma normativa estatal, como Andalucía o la Comunidad Valenciana, el modelo funciona mucho mejor.
Eso significa que el problema no es solo estatal.
Es un problema de modelo regional y municipal, de falta de capacidad y de gestión.
Porque si en otros sitios se puede hacer bien, aquí también debería poder hacerse.
Problemas de alcantarillado y saneamiento en La Manga
— ¿Cuál es la situación actual del alcantarillado en La Manga y el Mar Menor?
A pesar de que se ha prohibido el desarrollo de nuevas construcciones desde la autovía hasta el Mar Menor, incluyendo La Manga, no se han ofrecido soluciones a los pozos ciegos existentes ni a la falta de conexión de muchas viviendas.
Esto provoca que las aguas residuales se viertan directamente al Mar Menor, un problema conocido desde 2016, pero que aún no se ha solucionado.
¿Qué debería haberse hecho?
Se deberían haber puesto los mismos esfuerzos y fondos que se han destinado a otras áreas, como la Sierra Minera, para garantizar saneamiento en primera línea del Mar Menor y en La Manga.
Es decir, una acción coordinada entre el Gobierno de España, la Comunidad Autónoma y el Ayuntamiento, porque este no puede resolverlo solo.
Fondos recaudados y uso inapropiado
— ¿Qué papel tiene el Ayuntamiento de Cartagena?
El Ayuntamiento cobra a todos los ciudadanos de Cartagena un recibo de 4 € por cada recibo de agua para obras de alcantarillado hasta 2042, pero ese dinero no siempre se destina a donde se necesita, sino que se utiliza para actuaciones electoralistas, como cambiar suelos en plazas públicas.
Además, el Ayuntamiento de San Javier vierte sus aguas residuales en la red de Cartagena, sin compensación económica alguna, lo que genera roturas y problemas recurrentes en el sistema de alcantarillado de La Manga.
Carreteras y mantenimiento
— Otro problema relacionado es la infraestructura vial
La Manga tiene baches, farolas rotas y problemas en la carretera, consecuencia de la falta de fondos del Gobierno regional desde 2011.
Aunque se han realizado actuaciones puntuales antes del verano, son soluciones temporales que no resuelven el problema estructural.
El consorcio: un organismo vacío
— ¿Qué papel juega el consorcio del Mar Menor?
El consorcio no cumple la función para la que fue creado.
Su presupuesto se destina mayoritariamente a sueldos y pequeñas ayudas a clubes deportivos o fiestas locales, pero no coordina servicios ni mejora la infraestructura de La Manga.
En la práctica, se ha convertido en un intermediario político muy bien remunerado, pero sin impacto real en la mejora del territorio.
Uso político de los problemas de La Manga
— ¿La Manga sigue si ser tomada en serio por las administraciones?
El sentimiento de abandono y degradación se utiliza para alimentar a los movimientos segregacionistas, desviando la atención de los problemas reales: la mala gestión municipal y regional.
El resultado: infraestructuras deficientes, peores servicios y degradación constante, a pesar de ser uno de los destinos turísticos más importantes de la Región de Murcia, con reservas naturales y atractivo climático único.
— ¿La solución sería un ayuntamiento propio?
No necesariamente. El problema real no es la falta de administraciones, sino la gestión ineficaz de las que existen, especialmente la del PP, que ha degradado sistemáticamente La Manga y el resto de las diputaciones de Cartagena durante décadas.
La verdadera solución sería cambiar la gestión política y garantizar que los fondos y recursos se destinen efectivamente a resolver los problemas de saneamiento, infraestructura y servicios de la zona.
— Hablemos del Plan General de Cartagena. ¿Qué modelo se está aplicando en La Manga y el Mar Menor?
Según el gobierno local, junto con el PSOE y Vox, se ha planteado un modelo en el que, desde la autovía hasta el Mar Menor, no se puede construir nada, incluyendo La Manga. Todo supuestamente para proteger la costa. Pero lo que no hacen es proteger realmente los elementos esenciales: saneamiento, depuración de aguas y soluciones a la degradación existente. Prohibir todo termina favoreciendo la degradación.
— ¿Y qué ocurre con parcelas abandonadas y calles sin terminar?
Ese es el problema. En zonas como Mar de Cristal o Playa Honda, hay parcelas pendientes de terminar calles, y edificios abandonados. MC quiere que se puedan finalizar esas calles y parcelas, porque una obra inconclusa es peor que nada. Prohibir todo degrada.
— Hablemos del Vivero. Se ha hablado de una indemnización millonaria. ¿Qué ha pasado ahí?
La sentencia de julio de 2024 reconocía el derecho de los propietarios del Vivero a continuar con la construcción, generando un riesgo de indemnización de 54 millones de euros. Pero la administración ocultó la sentencia y no actuó para proteger el suelo municipal ni para expropiarlo. Así, dejó vía libre a que los promotores mantuvieran derechos consolidados.
— ¿Cuál habría sido la solución correcta?
Lo adecuado habría sido negociar la expropiación o ejecutarla sin acuerdo. Nunca pagar por el suelo y que los promotores se queden con él. Esto favorece la especulación y deja abierta la puerta a una gran operación urbanística futura en terrenos ya degradados.
— ¿Qué papel ha jugado Noelia Arroyo en todo esto?
Noelia Arroyo accedió a la alcaldía con apoyo de seis concejales tránsfugas, permitiendo sueldos irregulares para mantener el poder. Su prioridad parece ser mantenerse en el sillón y proyectarse fuera de Cartagena, no mejorar la ciudad. Sus decisiones favorecen la especulación y la degradación, en lugar de atender las necesidades reales de La Manga y el Mar Menor.
— Para cerrar, ¿cuál es la conclusión sobre la gestión de la zona?
Primero, el Plan General ha fallado en proteger la costa y en resolver problemas existentes. Segundo, el Vivero y la indemnización millonaria son un ejemplo de cómo la inacción política favorece la especulación. Tercero, Noelia Arroyo prioriza intereses personales sobre los colectivos, debilitando la protección y desarrollo sostenible de Cartagena y La Manga. La mejora real dependerá de un cambio en la gestión política, la aplicación efectiva de normativas y la inversión enfocada en el bienestar de los residentes y la conservación del Mar Menor.












































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































