Las Golas de La Manga del Mar Menor
A lo largo de La Manga del Mar Menor, cinco canales interrumpen su continuidad longitudinal. Estos pasos, conocidos como golas, comunican las aguas del Mar Menor con las del mar Mediterráneo y desempeñan un papel clave en el equilibrio ambiental de la laguna. A través de ellos se produce un intercambio de aguas que contribuye a reducir la salinidad y a moderar la temperatura interna, contrarrestando los efectos de la evaporación provocada por las altas temperaturas y la abundancia de días soleados.
En la zona norte, junto al paraje de las Encañizadas en San Pedro del Pinatar, se encuentran las dos únicas golas completamente naturales: la de la Torre y la del Ventorrillo. De origen histórico y vinculadas a artes de pesca tradicionales heredadas de época árabe, aún conservan edificaciones de dos plantas destinadas al trabajo pesquero, accesibles únicamente por embarcación. La mejor forma de contemplarlas es recorriendo las playas de la Llana hasta Punta de Algas (unos 3,2 km a pie) o siguiendo el itinerario que parte del molino Quintín, junto a las Salinas (2,7 km).
En este mismo entorno septentrional está la gola del Charco, formada a partir de una apertura natural modificada con intervención humana. Como ocurre en las golas de la Torre y el Ventorrillo, aquí se instalan encañizadas —estructuras de cañizo y redes— para aprovechar el paso migratorio de especies como el mújol, la dorada o el magre. El área circundante conserva un hábitat de gran valor ecológico, con vegetación halófila, dunas, acumulaciones de Posidonia oceánica y zonas que se inundan en episodios de lluvia o tormenta, proporcionando refugio a aves como la cigüeñuela, la avoceta, el somormujo lavanco (Podiceps cristatus) o la serreta mediana (Mergus serrator).
Más al sur encontramos la gola del Estacio, un canal natural ubicado junto a un promontorio volcánico de 2,3 metros de altura y unos 40 metros de longitud, donde se alza el faro del mismo nombre, construido en 1862. El Estacio ha sido modificado en varias ocasiones, especialmente a partir de 1973, alcanzando una profundidad de 4 metros y una anchura de 39 metros para permitir el paso fluido de embarcaciones entre ambos mares. En 1969 se instaló un puente giratorio que facilitaba tanto el tráfico rodado como el paso de barcos; este fue sustituido en 2003 por el puente actual, diseñado por el ingeniero Javier Manterola Armisen.

A unos dos kilómetros de la entrada de La Manga se sitúa la gola de Marchamalo, la única totalmente artificial. Su origen se remonta a 1762, cuando se autorizó su construcción como pesquería bajo el nombre de Encañizada de Calnegre, explotada por el Real Hospital de la Caridad de Cartagena. Con el desarrollo urbanístico de finales de los años 60 y principios de los 70, la actividad pesquera desapareció y se construyó un puente para el paso de vehículos. Debido a su escasa profundidad en algunos tramos, solo es apta para pequeñas embarcaciones y motos acuáticas.
Por último, en la década de 1970 se añadieron en la urbanización de Veneziola unos pequeños canales a los que, por extensión, también se les conoce como golas. Aunque no tienen la envergadura ni la función principal de las cinco anteriores, forman parte del entramado de comunicación de aguas y contribuyen a la identidad paisajística de esta franja litoral única.






























































































































































































































































































































































































































































































































































































