Hay imágenes que, a fuerza de repetirse, corren el riesgo de convertirse en normales. Y en La Manga, durante los fines de semana de verano, una de ellas se está haciendo demasiado habitual en la zona de La Martinique: concentración de embarcaciones, música a elevado volumen, consumo de alcohol y grupos de personas disfrutando de una auténtica fiesta flotante a escasos metros de las viviendas.
El problema no es que haya gente disfrutando del Mar Menor. Tampoco que existan embarcaciones de recreo o que se quiera celebrar un día de verano. El problema aparece cuando ese disfrute se convierte en una molestia continuada para quienes viven allí, cuando se ocupan espacios próximos a la costa y cuando los vecinos sienten que, pese a avisar a Emergencias, nadie termina personándose para poner orden.
Y el pasado fin de semana volvió a producirse una situación especialmente llamativa. Por la mañana, la zona acogía la actividad del Abrazo al Mar Menor, una iniciativa reivindicativa y simbólica en defensa de la laguna. Horas después, el escenario cambiaba radicalmente: concentración de personas, embarcaciones, música y botellón.
La imagen resulta difícil de ignorar. Mientras por un lado se reivindica la protección del Mar Menor, por otro se reproducen comportamientos que generan molestias a vecinos y preocupaciones por la seguridad y la convivencia.
El problema no es puntual: se repite
Lo más preocupante es que quienes viven en la zona aseguran que no se trata de un episodio aislado. Los fines de semana de verano se repite una dinámica similar: las embarcaciones se concentran, aumenta el ruido y la fiesta se prolonga durante horas.
La problemática de las fiestas náuticas y las concentraciones de barcos en el Mar Menor tampoco es nueva. Durante los últimos veranos se han acumulado denuncias vecinales por música, aglomeraciones, fondeos y navegación en zonas próximas a las playas.
También existen antecedentes de problemas relacionados con fondeos y amarres irregulares en distintos puntos del Mar Menor, incluidos espacios protegidos.
Por tanto, no estamos ante una fotografía aislada de un sábado de agosto. Estamos ante una situación que lleva tiempo reclamando una respuesta más eficaz.

