La temporada de baño empieza el 15 de junio en el Mar Menor, pero la sensación de muchos vecinos es que empieza también, otro año más, la misma dejadez. Y lo peor es que ya ni sorprende.
Quienes viven o veranean en zonas como La Manga del Mar Menor, Los Nietos, Los Urrutias, Mar de Cristal, Playa Honda o Islas Menores llevan años viviendo una situación absurda: playas sin redes antimedusas, baños condicionados en ver qué medusa te roza, ¿blanca o marrón? y una sensación constante de abandono. Mientras en otros puntos del litoral español y no muy lejanos a este sí se instalan protecciones, aquí los vecinos siguen con la misma pregunta de siempre: ¿por qué aquí no?
En la zona el descontento es evidente. No porque el problema sea nuevo, sino porque es repetido y nunca termina de resolverse. Y lo más frustrante es la falta de empatía con la gente.
Mientras tanto, la escena veraniega se repite con un toque ya casi surrealista: mientras se aprueba en junta “prohibir tocar el pito en x zona de la manga”, la gente sigue bañándose jugando al come cocos, donde tienes que pasar más tiempo esquivando medusas que hablando con la familia o amigos. Una imagen que mezcla ironía con resignación, pero que refleja perfectamente lo que muchos sienten: que las prioridades no están donde deberían.
A esto se suma otro clásico del verano: los chiringuitos y las sombrillas y hamacas, que en algunos tramos convierte la playa en un entrenamiento físico brutal, donde según cuenta la leyenda, entre mojito y mojito, Hércules entrenaba para las Olimpiadas.
El problema no es solo estético. Es de gestión, de escucha y de respeto a una costa que vive del verano pero parece no recibir a cambio la atención que merece. Y así, el 15 de junio, no solo empieza la temporada de baño. Empieza también la cuenta atrás para otro verano de quejas, resignación y la misma pregunta incómoda: ¿hasta cuándo?
Por Daniel Collado


