Si se quiere, se puede. Y este fin de semana ha quedado demostrado.
Antes de nada, queremos reconocer el trabajo realizado durante la celebración de la final del Mundial en la Playa de Levante.
Muchos vecinos, entre los que nos incluimos, pensamos que celebrar un evento de estas dimensiones en la playa no era la mejor idea. Nos preocupaban la basura, el ruido, la movilidad y el impacto sobre un entorno que ya soporta mucha presión durante el verano.
Sin embargo, también creemos que es importante reconocer cuando las cosas se hacen bien.
Se desplegó un importante dispositivo de limpieza, se instalaron sanitarios, hubo planificación y coordinación, y apenas unas horas después del evento la playa volvía a estar limpia y preparada para el disfrute de todos.
Así sí.
Pero precisamente por eso nos hacemos una pregunta.
¿Por qué ese mismo nivel de organización no lo vemos el resto del verano?
Cada fin de semana vemos papeleras y contenedores desbordados, bolsas de basura acumuladas, vehículos aparcados sobre aceras, pasos peatonales, puertas de garaje o jardineras, mientras vecinos y visitantes conviven con problemas que ya parecen haberse normalizado.
Este fin de semana se ha demostrado que, cuando existe planificación, recursos y voluntad, es posible gestionar incluso la concentración de miles de personas sin que la playa amanezca convertida en un vertedero.
Por eso no queremos que este post sea una crítica, sino una reflexión.
Si hemos sido capaces de mantener limpia la playa después de reunir a miles de personas en una sola tarde, también deberíamos ser capaces de mantener Cabo de Palos limpio, ordenado y cuidado durante todo el verano.
No pedimos milagros.
Solo pedimos que el esfuerzo, la organización y los medios que se han puesto para este evento no sean la excepción, sino el estándar.
Porque este fin de semana ha demostrado una cosa muy importante:
Cuando se quiere, se puede. Ahora solo falta que ese compromiso se mantenga los 365 días del año.
