La saturación de la RM-12 y la Gran Vía convierte la entrada al principal destino turístico de la Región en uno de los puntos negros de la movilidad regional
Cada verano se repite la misma imagen. Kilómetros de retenciones, largas esperas bajo el sol y miles de conductores atrapados en el único acceso por carretera a La Manga del Mar Menor. No se trata de una incidencia puntual ni de un problema derivado únicamente de la elevada afluencia turística, sino de una limitación estructural de la propia infraestructura.
En temporada estival la RM-12 y la Gran Vía llegan a soportar más de 30.000 vehículos diarios, una intensidad de tráfico muy superior a la habitual que pone al límite la capacidad de la infraestructura.
El origen del problema está en la propia configuración territorial de La Manga. Toda la movilidad terrestre se concentra en un único corredor viario, formado por la continuidad entre la RM-12 y la Gran Vía. No existe una vía alternativa con capacidad suficiente para absorber el tráfico, por lo que cualquier incremento de vehículos termina provocando importantes retenciones.
El punto más conflictivo se encuentra precisamente en la intersección entre ambas carreteras, donde actualmente funciona un cruce semaforizado que regula todos los movimientos de entrada, salida y giro hacia Cabo de Palos, la zona comercial de Las Dunas y los distintos accesos urbanos.
Aunque este sistema permite ordenar la circulación, obliga a que todos los flujos de tráfico coincidan en un mismo punto. Los vehículos que acceden a La Manga, los que salen de ella y los desplazamientos locales comparten la misma intersección, generando un auténtico cuello de botella durante los periodos de mayor afluencia.
La consecuencia es conocida por cualquiera que haya intentado acceder a La Manga en un fin de semana de verano: circulación intermitente, largas colas, dificultades para incorporarse al tráfico y retrasos que afectan tanto a residentes como a visitantes.
Pero el problema va mucho más allá de la incomodidad de los conductores. Las retenciones también condicionan el transporte público, dificultan la llegada de los servicios de emergencia y perjudican la actividad económica de uno de los principales destinos turísticos de la Región de Murcia.
Las imágenes de los atascos se han convertido en habituales cada temporada estival y han sido recogidas durante años por medios de comunicación y administraciones públicas, evidenciando que el colapso del acceso es ya un problema crónico.
Sin embargo, ¿existe una solución técnica capaz de aliviar este cuello de botella sin necesidad de construir nuevos accesos a La Manga? Mañana analizaremos una posible propuesta que podría mejorar de forma significativa la fluidez del tráfico en este punto. Su puesta en marcha, en cualquier caso, dependería de la voluntad y la coordinación de las distintas administraciones competentes para estudiar, impulsar y ejecutar una actuación de estas características.

