La Manga del Mar Menor vuelve a situarse en el centro de las preocupaciones ambientales de Greenpeace. En su informe Destrucción a toda costa 2026, la organización ecologista señala a este enclave como el tramo más vulnerable de toda la costa de la Región de Murcia, al combinar una intensa urbanización con los efectos del cambio climático y la regresión de sus playas.
El documento advierte de que esta barra arenosa de unos 20 kilómetros representa el mayor ejemplo de ocupación intensiva del litoral murciano. Según Greenpeace, La Manga alberga más de 200 complejos residenciales y durante los meses de verano supera los 200.000 habitantes, multiplicando por cinco su población habitual.
La organización recuerda que, aunque el Ayuntamiento de San Javier ha frenado la construcción de nuevas torres de viviendas, el crecimiento continúa orientándose hacia nuevas plazas hoteleras, manteniendo la presión sobre un territorio especialmente frágil.
Además, alerta de que las previsiones científicas apuntan a que algunas playas interiores de La Manga podrían retroceder hasta cinco metros en los próximos años debido al aumento del nivel del mar y al incremento de los temporales asociados al cambio climático, poniendo en riesgo la propia estabilidad de este singular cordón litoral.
Foto (Puerto Mayor, La Manga)
Una costa sometida a una «crisis ecológica crónica»
Tras el caso de La Manga, Greenpeace amplía su análisis al conjunto del litoral de la Región de Murcia, al que define como una costa inmersa en una «crisis ecológica crónica» provocada por décadas de presión urbanística, artificialización y ocupación del territorio.
El informe recuerda que la costa murciana alberga una gran riqueza ambiental, con playas, dunas móviles, acantilados volcánicos e islas de gran valor ecológico, pero denuncia que el modelo de desarrollo ha priorizado históricamente la construcción frente a la conservación.
El Mar Menor sigue lejos de recuperarse
Greenpeace sostiene que la biodiversidad del Mar Menor continúa gravemente alterada por la entrada de nitratos procedentes de la agricultura intensiva del Campo de Cartagena.
La organización explica que este exceso de nutrientes provoca procesos de eutrofización, favoreciendo la proliferación de fitoplancton y episodios de anoxia que ponen en peligro la fauna marina. Además, recoge las advertencias de investigadoras del CSIC, que consideran que la aparente estabilidad de la laguna no representa una recuperación real, sino un equilibrio muy frágil tras las sucesivas crisis ambientales.
El informe también destaca el denominado «caso Topillo», en el que el Mar Menor ejerce por primera vez en Europa su personalidad jurídica como sujeto de derechos dentro de un procedimiento penal por presuntos vertidos ilegales de salmuera con nitratos.
Los temporales agravan la erosión del litoral
El estudio analiza igualmente los efectos del tren de borrascas del invierno 2025-2026, que provocó importantes pérdidas de arena y daños en distintos municipios costeros.
En Cartagena, varias playas urbanas llegaron a perder prácticamente toda su arena en pocos días, mientras que en Mazarrón y San Javier también se registraron importantes episodios de erosión y desperfectos que obligaron a ejecutar actuaciones de emergencia.
Greenpeace advierte de que las regeneraciones artificiales de arena y las reparaciones de infraestructuras pueden convertirse en un gasto recurrente si no se adoptan soluciones adaptadas al escenario de cambio climático.
Portmán, otra asignatura pendiente
El informe concluye recordando que la regeneración de la Bahía de Portmán continúa bloqueada. Greenpeace considera que el proyecto defendido por el Ministerio para la Transición Ecológica, basado en el sellado de la bahía mediante capas de arena, constituye una solución pragmática, aunque lejos de la restauración ambiental que reclama para uno de los mayores desastres ecológicos del Mediterráneo.
Descarga el informe aquí: https://es.greenpeace.org/es/wp-content/uploads/sites/3/2026/07/DTC-Espana-2026-2.pdf