Cada vez que se celebra el Cross ocurre algo revelador: al cortar el tráfico, el pueblo se transforma. Las terrazas se llenan, la gente camina tranquila y la actividad económica fluye sin el peligro constante de los coches. Es la prueba de que un modelo centrado en las personas funciona y nos beneficia a todos, sobre todo al comercio local.
Los parkings disuasorios (como la explanada del mercadillo) se llenan con cientos de vehículos bien aparcados. El espacio existe. Entonces, la pregunta es inevitable:
Si el centro de Cartagena sí se protege y se peatonaliza, ¿por qué en Cabo de Palos no?
La inacción institucional crea el caos
El problema no se soluciona solo con responsabilidad individual; exige planificación urbana y voluntad política. Al dejar el casco histórico abierto al tráfico indiscriminado en verano, las instituciones permiten:
Puntos de colapso absurdos: Caravanas atascadas en pleno recorrido buscando hueco a metros de la arena.
Invasión del espacio público: Un puerto saturado, vados bloqueados, aceras ocupadas y la barra libre de aparcar en carga y descarga porque “aquí nunca pasa nada”.
Infraestructuras infrautilizadas: Un disuasorio lleno mientras otro está desierto por falta de señalización y regulación efectiva.
Exigimos un plan de movilidad serio.
Pedimos aplicar el mismo sentido común que ya funciona en otros pueblos de costa y en la propia Cartagena:
1. Restricción de acceso al casco histórico: Solo para residentes, trabajadores y carga/descarga regulada.
2. Uso obligatorio y guiado de disuasorios: Señalización clara antes de entrar al pueblo.
3. Protección del entorno costero y pesquero: Hacer del puerto y las playas espacios amables para pasear y disfrutar. Un pueblo VIVO.
La experiencia del Cross demuestra que el pueblo no muere cuando se cortan las calles al tráfico; al contrario, COBRA VIDA.
Es hora de que el Ayuntamiento de Cartagena deje de mirar hacia otro lado y aplique en Cabo de Palos un modelo de movilidad moderno, valiente y coherente.
