Playas sin salvamento en La Manga cuando llega Septiembre: ¿acaso el mar entiende de temporadas?
El verano en la Manga del Mar Menor y en la costa de Cartagena no termina el 31 de agosto. Septiembre sigue siendo un mes de calor, de turistas, de familias locales que aprovechan los últimos días antes de la rutina, y de muchas personas mayores que prefieren bañarse cuando la afluencia baja. Sin embargo, hay algo que sí desaparece con la llegada de septiembre: los puestos de salvamento en playas como Puerto Bello (la foto que ilustra el artículo corresponde al 6 de Septiembre), Cavanna, La Gola, Villas Caravaning, Playa Honda o Playa Paraíso. Sin embargo otras playas si que cuentan con ese servicio.
Un simple dato debería hacernos reflexionar: el mar no entiende de temporadas. Un ahogamiento puede ocurrir en julio, en septiembre o en diciembre. Y no hay nada que garantice que en una playa cerrada al salvamento el riesgo sea menor que en otra donde sí se mantiene operativo.
Lo más llamativo de esta situación es que algunas de estas playas, como Puerto Bello o Playa Honda, están catalogadas como playas accesibles para personas con discapacidad o movilidad reducida. Allí existe incluso un servicio de asistencia al baño que ayuda a que personas con necesidades especiales puedan disfrutar del mar en igualdad de condiciones. ¿Cómo se justifica entonces que un espacio pensado para la inclusión se quede, de repente, sin vigilancia en septiembre?
La contradicción es evidente: se invierte en infraestructuras para hacer playas accesibles, pero se retira un servicio básico de seguridad cuando todavía son usadas por cientos de vecinos y visitantes. Un ejemplo claro de planificación de temporada más centrada en el calendario administrativo que en la realidad de quienes disfrutan de la costa.
El Ayuntamiento de Cartagena debería plantearse una pregunta sencilla: ¿qué valor tiene una vida frente al ahorro de unos días de servicio? Porque la diferencia entre que haya o no un puesto de socorrismo activo puede ser, literalmente, la diferencia entre la vida y la muerte.
La solución pasa por replantear los calendarios de salvamento en función de la demanda real de uso de las playas y no de una fecha en el calendario. Y, sobre todo, por reconocer que la seguridad en el mar no es un lujo estival, sino un derecho ciudadano que debe garantizarse mientras la gente siga disfrutando de nuestras costas.
Porque el mar, nos guste o no, nunca cierra por temporada.


















































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































