María Treviño lleva a Espacio Salero 11 un viaje pictórico por Cabo de Palos y el verano mediterráneo
La artista cartagenera presenta en Espacio Salero 11 del 30 de mayo al 26 de junio “El sitio de mi recreo”, una muestra donde el Mediterráneo, los recuerdos del verano y la calma emocional protagonizan una colección profundamente ligada al espíritu cabopalero
La pintura de María convierte el agua, la luz y los pequeños instantes cotidianos en escenarios de contemplación. Con una trayectoria de más de tres décadas ligada al realismo contemporáneo, la artista presenta en Espacio Salero 11 su nueva exposición, “El sitio de mi recreo”, una muestra profundamente conectada con Cabo de Palos, la memoria emocional y la calma del verano, que podrá visitarse del 30 de mayo al 26 de junio.
La artista reconoce que no sabe exactamente cuándo descubrió que quería dedicarse al arte, aunque desde muy pequeña sintió una fuerte atracción por lo creativo. Sus padres, al percibir ese interés, la apuntaron al taller de dibujo y pintura de Enrique Navarro Carretero, en Cartagena, una experiencia que recuerda con especial cariño y que fue decisiva para marcar su camino artístico.
Con 17 años se trasladó a Madrid para preparar el ingreso en Bellas Artes con la absoluta convicción de que aquella era su verdadera vocación. Estudió los cinco cursos de la carrera y se especializó en restauración de pintura. Durante años compaginó los trabajos de restauración y dorado con la creación artística, hasta que finalmente decidió dedicarse en exclusiva a la pintura y a la ilustración.

Su primera exposición individual llegó en el año 2000 y la más reciente en 2025. Desde entonces ha trabajado con diferentes galerías y ha participado en numerosas ferias de arte, consolidando una trayectoria marcada por la evolución constante dentro del realismo.
A lo largo de los años, su obra ha transitado por distintas etapas. En sus comienzos se sintió muy atraída por los fotorealistas americanos de los años 60 y 70, centrando gran parte de su trabajo en paisajes urbanos y desguaces. Más adelante, influida por artistas como Isabel Quintanilla, comenzó a interesarse por los objetos cotidianos y los bodegones, derivando posteriormente hacia el estudio de texturas e imágenes macro que le permitían abrir espacios para la meditación.
Poco a poco fue incorporando la figura humana hasta convertirla en la protagonista principal de gran parte de su obra actual. Su aproximación busca la sencillez y la espiritualidad, mostrando a las personas integradas en su entorno y alejadas de cualquier artificio.
En este proceso creativo, el agua se ha convertido en un elemento fundamental. María encuentra en el medio acuático una herramienta perfecta para fijar la fugacidad, reflejar lo efímero y añadir movimiento a las composiciones. Además, le permite experimentar con zonas cercanas a la abstracción, algo que considera especialmente estimulante.
Gran parte de esa inspiración nace en Cabo de Palos, lugar donde pasa la mayoría de sus vacaciones estivales. Aunque durante todo el año mantiene una búsqueda constante de imágenes para su trabajo, es durante el verano cuando puede dedicar más tiempo a fotografiar el mar y sus cambios. Especialmente en los días de lebeche en la Playa de Levante, realiza ráfagas de fotografías bajo el agua que después selecciona cuidadosamente para convertirlas en la base de sus cuadros.
“Durante la selección de imágenes se puede ver lo asombrosamente cambiante que es el medio acuático. Me parece una fuente de imágenes potentes inagotable”, explica.
La exposición “El sitio de mi recreo” nace precisamente de esos paseos, baños y momentos familiares ligados al verano. A través de las obras, la artista intenta plasmar cómo el tiempo parece ralentizarse junto al mar y cómo el agua se convierte en el núcleo emocional de esos días de descanso.
“Quiero compartir ese estado emocional que se siente al sumergirse o flotar en el agua salada. Me gustaría transmitir algo de calma en un mundo que nos desborda emocionalmente”, afirma.
Además de su faceta como pintora, María ha desarrollado una importante trayectoria como restauradora de pintura y dorado en espacios históricos vinculados a Patrimonio Nacional. Una experiencia que, según reconoce, ha influido profundamente en su sensibilidad artística.
“Es muy emocionante cuando tienes una buena pintura entre manos. Poder acercarte a ella de esa manera es un privilegio gracias al cual no dejas de formarte. He aprendido de técnica, composición y materiales, pero sobre todo de color”, señala.
Su proceso creativo también refleja esa precisión técnica adquirida durante años. La elección de la imagen sobre la que trabajará puede llevarle mucho tiempo. Después suele editar el color y realizar pequeños cambios digitales antes de trasladar la composición al lienzo mediante dibujo a lápiz.
La luminosidad del lienzo es esencial en su método. Por ello reserva inicialmente las zonas de luz sin pintar y comienza aplicando capas de color por planos para entonar toda la obra al mismo nivel. A partir de ahí trabaja mediante sucesivas capas translúcidas de óleo hasta construir los volúmenes. Finalmente incorpora las texturas y detalles que desea resaltar y, semanas después, aplica un barniz satinado.
María también ha trabajado como ilustradora para editoriales estadounidenses, aunque reconoce grandes diferencias entre ese trabajo y la pintura más personal.
“Cuando trabajas para editoriales los márgenes de creatividad son mucho más estrechos y los tiempos de entrega bastante agobiantes. Es más difícil disfrutar del proceso. Sin embargo, cuando ilustro por mi cuenta me resulta igual de placentero que la pintura”, explica.
Otro de los proyectos más simbólicos de su carrera fue el diseño del escudo de la Universidad Politécnica de Cartagena, realizado junto a un equipo de profesores de prestigio de la Universidad de Murcia.
“Fue un honor trabajar con ellos. Su argumentación histórica dio peso al proyecto y me sigue emocionando pensar que conseguimos diseñar un escudo muy digno para representar a nuestra universidad”, asegura.
Quienes visiten Espacio Salero 11 entre el 30 de mayo y el 26 de junio encontrarán una exposición marcada por el Mediterráneo, la memoria y la serenidad. Una invitación a recorrer, a través de la pintura, un universo profundamente ligado a Cabo de Palos y a la belleza de los instantes sencillos.
“Espero que experimenten un paseo de espíritu cabopalero a través de los cuadros y que lo disfruten”, concluye la artista.











































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































