“En el Palmero te espero”
Hubo un tiempo en el que, al entrar a La Manga del Mar Menor, una silueta inconfundible marcaba el inicio de la noche: el famoso “camello” del Palmero —aunque en realidad se trataba de un dromedario, al tener una sola joroba, detalle que nunca impidió que todo el mundo siguiera refiriéndose a él simplemente como el camello—. El origen del local se remonta a cuando un empresario británico levantó el característico palacete de estética árabe que dio forma al primer El Palmero, un edificio que pronto se convertiría en punto de encuentro imprescindible y en símbolo de las madrugadas veraniegas del litoral murciano.
El lugar cambió de nombre muchas veces, casi tantas como de manos: Camel, Sahara, Terraza de Sal, Viva La Manga, y seguro que algún nombre más. Distintas etapas de una misma historia que siempre acababa reuniendo a la misma gente, los grupos de amigos que cada verano repetían el ritual: “En el Palmero te espero”.
Su trayectoria estuvo marcada también por reaperturas, cierres administrativos y polémicas derivadas de licencias, quejas vecinales o su ubicación en un entorno protegido. En 2013 volvió a estar en el centro de la polémica al confirmarse que el local se encontraba dentro de un espacio con cinco figuras de protección medioambiental, lo que dificultó durante años su situación administrativa y el desarrollo normal de la actividad.
El singular edificio, además, tuvo presencia en el cine. En 2020 fue escenario de la película Adú, protagonizada por Luis Tosar, donde el antiguo local simuló una discoteca situada en una ciudad de Senegal. Sus muros y arcos inspirados en la arquitectura árabe, junto a sus formas geométricas y su ambientación exótica, ofrecieron la atmósfera perfecta que buscaba el equipo de rodaje, permitiendo recrear el ambiente africano sin necesidad de trasladarse fuera de España.
Hoy, el abandono ha dejado huella. El viento terminó derribando la histórica figura del dromedario —el eterno “camello” del Palmero—, símbolo silencioso de una época en la que la entrada a La Manga era un desfile constante de gente caminando por el paraje y de coches rumbo a la fiesta, todos con el mismo destino marcado por la música de la madrugada. La imagen caída resume, quizá mejor que cualquier crónica, el paso del tiempo sobre uno de los locales más reconocibles del litoral murciano.
Sin embargo, para quienes lo vivieron, el Palmero nunca será solo un edificio cerrado. Fue el lugar típico donde terminaban las noches en La Manga, el último punto de encuentro cuando ya todo lo demás había cerrado, el sitio donde continuaba la música hasta ver amanecer. Allí quedaron para siempre sus inolvidables fiestas de la espuma, las madrugadas interminables y aquella frase que definió a toda una generación de veranos:
“En el Palmero te espero.”
Foto/Coral_Gl



































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































